LAS BARBAS DEL VECINO

Los chapines somos un pueblo caracterizado por ser chambeador. A pesar de las dificultades económicas que suelen existir, el ingenio, la creatividad y el empuje de mujeres y hombres que sacan la tarea diaria es la que nos hace ser un país muy resiliente, un país que sabe salir al paso de las dificultades. También en lo político, aunque cada cuatro años somos convocados a elecciones y en ocasiones hemos elegido mal, los guatemaltecos estamos siempre pendientes de no dejar que se nos quieran sorprender. Es decir, ejercemos nuestro derecho a tener control sobre los gobernantes no permitiendo que los ofrecimientos de quienes quieren perpetuarse en el poder compren las voluntades del pueblo.


Estos no han sido buenos años para la región centroamericana. Nuestros países vecinos en Centroamérica, durante los últimos cuarenta años, han sufrido guerras, dictaduras, malos presidentes y hasta revoluciones. Ahora, esa sombra está volviendo a aparecer. Basta ver lo que sucede en Nicaragua donde un presidente gana las elecciones metiendo presos a todos sus contrincantes; o en El Salvador donde un presidente no tolera la crítica y persigue a las instituciones como la prensa independiente o las organizaciones sociales. Y ahora en Honduras, las elecciones han terminado por elegir a una candidata cuyo discurso de confrontación es muy evidente.


Bien dice el dicho que “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”. Es cierto que tenemos realidades muy diferentes entre los países de Centroamérica y que también nosotros hemos pasado por pruebas muy duras, pero el virus de la dictadura se va esparciendo por nuestros vecinos como si fuera una especie de COVID, lo que tiene que llamarnos a la reflexión. La pregunta es: ¿qué podemos hacer? A grandes males, remedios sencillos. Primero, estar alerta para no permitir que el discurso del odio termine dividiendo a los guatemaltecos. Luego, identificar y no apoyar a quienes quieren quedarse con lo que tanto nos ha costado conseguir a base de trabajo y esfuerzo.


Estos dos remedios prácticos son la forma más sencilla de poner en remojo nuestras barbas. No vaya a ser que nos pase lo de las barbas del vecino.