Don Giovanni

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Don Giovanni es una de las obras icónicas de Mozart. Con un éxito inicial dispar –todo un acontecimiento en Praga, y luego una recepción más bien moderada en Viena -, esta ópera ha quedado inscrita en el repertorio universal desde entonces. Identificada como Dramma Giocoso por el compositor, los musicólogos han debatido por siglos si estamos frente a una obra más bien cómica o trágica. Lo cierto es que Mozart hace una combinación adecuada de ambos géneros como para tenernos entretenidos durante toda la representación.

 

La obertura es toda una cátedra. Escrita apenas 24 horas antes del estreno, se dice que la partitura llego con tinta fresca a los atriles de los músicos. Esta pieza tiene claramente dos momentos, que representan a su vez al comendador y a Don Giovanni. Se inicia con un estruendo de instrumentos de viento que debió haber dejado congelados a los asistentes; este es el tema del comendador, que lo escucharemos más adelante. Durante el siguiente minuto casi que podemos imaginar al comendador, con sus pasos pesados, sus quejidos y su respiración casi asfixiada. En la segunda parte de la obertura la música se vuelve alegre, juguetona. Es Don Giovanni a quien nos retrata el compositor. Así que tenemos representada en música el duelo que veremos más tarde entre estos dos personajes.

 

El primer acto es uno de los más celebres en la historia de la música. De él podemos comentar algunos aspectos curiosos. La escena del duelo entre Don Giovanni y el Comendador da pié a uno de los tríos de Bajos más interesantes que hayamos escuchado. Pon atención a como la orquesta nos retrata los latidos del corazón del comendador que cada vez late más lento y finalmente se apaga.

 

La súbita llegada de Doña Elvira provoca una escena memorable: Madamina, el catalogo e questo!. Esta Aria, en la que Leporello le recita a la noble señora todas las conquistas que Don Giovanni ha hecho (en cuenta la propia Elvira), nos presenta a un muy cruel Mozart. No solo el personaje de Leporello se burla de ella. Puedes acaso oír a la propia orquesta riendo a carcajadas? Escucha a los violines sofocarse de la risa con cada verso inicial.

 

En seguida, la escena de cortejo que Don Giovanni hace a la desprevenida Zerlina “La ci darem la mano” nos permite estudiar la técnica de seducción de este tenorio. Cuatro cosas destacan: oye como el donjuán envuelve a la mujer con una música aterciopelada. Luego notarás que el tenor ya no usa el Voi o Usted en italiano sino se dirige a ella en el más confiado Tu; Luego, como quien estira y encoje, Don Giovanni presiona a la incauta, para luego pasar de nuevo a un tono más dulce; finalmente oye cómo se entrelazan cada vez más la notas que cantan ella y él, como sugiriendo un roce físico cada vez más pronunciado.

 

Atentos a la genialidad de Mozart en el cierre del primer acto. Te presentará al mismo tiempo tres orquestas con tres bailes diferentes: un minueto, propio de los nobles; una contradanza, de carácter más plebeyo; y un Teisch o danza folklórica alemana, que el compositor asocia con la sencillez de los campesinos. Toda una proeza tener tres ritmos diferentes al mismo tiempo.

 

Del segundo acto se ha sido que no aporta absolutamente nada al argumento, pero que está plagado de buena música. Algunos detalles para tener presente: primero, en este acto tiene lugar un Aria: “Il Mio Tesoro”, que el tenor a quien correspondía cantarla en Viena años después de su estreno, catalogó como difícil por lo que pidió a Mozart cambiarla por un aria más fácil. Ese es el origen de “Dalla Sua Pace”, que Mozart insertó en el primer acto. Hoy se representan ambas. También escucharás en este acto, la serenata “Deh vieni alla finestra” cuya música de mandolina la repetirá Don Giovanni en otro momento y con otra mujer, como si esto fuera la receta musical para enamorar.

 

El tercer y último acto es impactante. Luego que Don Giovanni ha invitado en el acto anterior a la estatua del comendador a cenar, ésta se presenta para la ocasión. En un duelo verbal primero y luego casi físico, esta figura de ultratumba pierde ocasión de obtener el arrepentimiento de Don Giovanni. Se abren las puertas del infierno y los demonios se devoran, frente a nuestros propios ojos, al pecador enamoradizo. Esta escena es un reto para los escenógrafos. En más de una ocasión los dispositivos han fallado y en una representación hace algunos años, no pudiendo descender a Don Giovanni por una falla mecánica del elevador, un espectador gritó aliviado que los pecadores estaban salvados porque el infierno ya estaba lleno!

 

La ópera termina no con los tormentos de Don Giovanni, sino como correspondía a una ópera del siglo XVIII, es decir con una especie de final feliz. Todos los personajes nos cuentan la moraleja de la historia y qué sucederá con ellos luego de este embrollo. Está última escena se suprimió durante mucho tiempo en el siglo XIX para poder ajustarse al tono trágico de las corrientes románticas de la época, que exigía un desenlace fatal. Hoy se ha recuperado.