Nabucco

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Nabucco es la tercera ópera de Verdi. El compositor italiano había tenido experiencias dispares con sus dos primeras obras. La primera, -Oberto, Conde de San Bonifacio- había tenido una tibia recepción. La segunda, la única comedia de Verdi –Un giorno di regno-, fue un sonoro fracaso y se representó una sola vez antes de desaparecer de cartelera.  A estos sinsabores sumaría Verdi la tragedia de la pérdida de sus dos hijos y de su esposa Margarita. Frente a este cuadro, Verdi había jurado no escribir más, pero la afortunada presión de un productor de teatro hizo que recapacitara y tomara el compromiso de ponerle música al libreto de Nabucco rechazado anteriormente por Otto Nicolai. Fue un acierto. La ópera se estrenó con gran aplauso del público y se presentó múltiples veces antes de ganar los teatros de toda Europa.

 

Nabucco es un drama histórico bíblico que narra las vicisitudes del pueblo judío luego de la ocupación de Jerusalem por Nabucodonosor, Rey de los Babilonios, y el posterior cautiverio de los hebreos.  Aun cuando la obra tiene raíces históricas, el libretista se tomó varias licencias como por ejemplo los personajes, que son de su completa invención (salvo el propio Nabucco), o los eventos de conversión religiosa que tampoco tienen asiento en la realidad. Aun así estamos frente a una historia con gran poder dramático.

 

La ópera se estructura no en actos sino en “partes”, cada una titulada. Esta costumbre era muy del gusto de los compositores románticos de la década de 1840.  Aun cuando la obra se llamaba originalmente “Nabucodonosor”, la contracción a Nabucco llegó pronto y gustó. Desde entonces se le llama así. No obstante esto, la ópera tuvo que cambiar de nombre en la Inglaterra del siglo XIX debido a la curiosa ley que prohibía la utilización de personajes bíblicos en representaciones teatrales. Por ello se le llamó a esta ópera durante un tiempo como “Nino, Rey de los Asirios”.

 

La obra está repleta de momentos interesantes. Algunos de ellos son los siguientes:

 

  • La obertura es un muy interesante pues nos presenta en resumen y con algunas variantes musicales, tres melodías claves de la obra, a manera de anticipación. Pon atención a ellos y trata de ubicarlos a lo largo de la representación.

 

  • Los coros desempeñan un papel fundamental en la ópera. Lejos de ser un mero acompañante, los coros interactúan, demandan, empujan la acción hacia adelante. Pon atención al coro de Il Maledetto, en el que los sacerdotes hebreos condenan a Ismael por traicionar a su fé. El canto en Staccato o silabas entrecortadas nos recuerdan la costumbre de usar este recurso musical para denotar tensión dramática.

 

  • El rol de Abigaille tiene asignado una partitura verdaderamente endiablada. Con sus notas agudas, la intensidad del canto y la montaña rusa vocal que le lleva a dar grandes saltos entre las notas, este es uno de los roles más difíciles de representar. Se cuenta que Giusseppina Streponi, la primera “Abigaille” de la historia, destruyó su voz desempeñando este papel y nunca más volvió a cantar. De hecho luego se hizo la segunda esposa de Verdi.

 

  • Verdi en su mejor vena dramática dispuso dotar a la obra de un par de “golpes escénicos”. La entrada de Nabucco a caballo en la primera parte y luego el rayo que le cae al rey babilónico luego de blasfemar en contra de Dios son dos acontecimientos muy relevantes en la ópera aparte de representar un reto para los escenógrafos del Met.

 

  •  Comentario aparte requiere el famoso coro “Va pensiero”, de la tercera parte. Compuesto como un lamento de los hebreos ante la nostalgia por la patria perdida, los italianos de la época lo asumieron como un mensaje propio de dignidad y de independencia de su país frente a la opresión austríaca. Desde entonces, los italianos le cantan casi como a un segundo himno. Verdi con él, fue objeto de admiración hasta el día de su muerte. De hecho, en su sepelio este coro fue interpretado por una multitud lacrimosa que acompañó el cortejo fúnebre.

 

Siendo una ópera de juventud, Nabucco aun presenta algunos rasgos de inmadurez del compositor. La inconsistencia, por ejemplo, entre algunos momentos dramáticos y la música que él les asigna es una de las quejas. Pero nada hace opacar una ópera interesante, con música de primer nivel y con una acción trepidante de principio a fin.