Turandot

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Turandot es la última ópera compuesta por Puccini. A ella dedicó los últimos cuatro años de su vida, y el proceso de parto fue extremadamente complicado, al grado que muchas de las inconsistencias del libreto pueden haber sido ocasionadas por los arrepentimientos y contramarchas que el compositor y los libretistas, tuvieron durante su concepción.

 

Puccini es un típico compositor Verista, es decir, pertenece la generación de músicos cuyas óperas estaban situadas en lugares cotidianos, con historias de gente ordinaria y episodios sórdidos. Aún cuando Turandot no es una ópera verista en estricto sentido de la palabra, quedan sin embargo algunos rastros de verismo: las escenas dramáticas de la decapitación es una de ellas. La historia por otro lado es casi fantástica: el palacio imperial, una princesa inalcanzable, una prueba de vida o muerte. La trama pertenece originalmente al ámbito árabe y no fue sino con posterioridad que el propio Puccini la sitúa en China.

Acto I

La ópera inicia con unos acordes muy fuertes de la orquesta. Este mismo fragmento musical reaparecerá cada vez que estemos frente a un momento en que se alude a Turandot y a su carácter implacable: es un resabio de la influencia de Wagner y sus Leitmotiv.

 

Llamativos son de este primer acto algunos episodios. Primeramente la ejecución del príncipe de Persia. Demasiado sangriento para el estómago de algunos, este momento es muy impactante y busca poner al espectador en guardia. Por cierto el actor que encarna al Príncipe de Persia y que verás desfilar en el escenario no suele ser el tenor que canta luego desde fuera, en el momento de su ejecución. Un típico caso de economía operática.

 

Un segundo detalle memorable es el papel del coro. Los coros en las óperas habían tenido siempre un papel secundario y accidental: o comentan la acción, o complementan musicalmente. Pero con la llegada de la ópera nacionalista rusa, el coro pasa de un mero ornamento musical a convertirse en un actor individualizado, con propio peso argumental y que interviene decididamente en la acción. En Turandot así ocurrirá. Observa como el Coro empuja la acción, piensa por sí solo, decide, reclama. En fin, veremos a un coro muy participativo a lo largo de la obra.

 

Por último, pon atención a Ping, Pang y Pong. Personajes originalmente inspirados en la Comedia Dell’arte, desempeñan en esta historia el rol de ministros de estado. Su música es pentatónica (es decir se usa únicamente una escala de cinco notas y no de siete, lo que da un sabor oriental a las melodías). Esto permite al compositor echar mano de su repertorio de melodías de origen chino para situar musicalmente la acción en el lejano oriente. Como dato curioso, tres de estas melodías tuvieron su origen en una cajita musical que Puccini tuvo en su poder.

Acto II

Este es el acto de los acertijos. Pero primero, conviene dar un dato relevante. Hasta ahora, a Turandot la has visto pero no la has escuchado. No será sino hasta el segundo cuadro que ella nos cantará. Es curioso que Puccini en sus óperas siempre hizo que los roles femeninos estelares nos cantaran primero fuera del escenario y luego se nos presenten, como en la Boheme, Tosca o Madame Butterfly. En este caso es al revés.

 

De los acertijos, no cabe duda que este tipo de pruebas siempre ha tenido su atractivo en la literatura universal. Pruebas similares conocemos en el mercader de Venecia o aquella historia de la esfinge de Tebas. En este caso, los tres acertijos tienen respuestas vinculadas al argumento. Cabe decir que las respuestas en esta ópera son diferentes a las del cuento original.

 

El acto II tiene el interés de la forma en que el compositor va creando la tensión a través de la música. El aria “In Questa Reggia” la única que el compositor le otorga al personaje central de la ópera, es musicalmente muy relevante dado que nos ayuda a caracterizar al personaje. Igualmente en el momento de las preguntas, atentos a los recursos musicales que utiliza Puccini para ponernos al borde de la silla.

Acto III

Este acto inicia con la célebre “Nessun Dorma”, aria de especial lucimiento para el tenor. Como ya era costumbre en la época, verás que el aria no tiene propiamente un inicio y un final, pues el número está encadenado a la música y al coro que le precede y sucede, lo que impide en ocasiones encontrar el momento para celebrar al cantante.

 

En este acto veremos la intervención y muerte de Liú, la fiel esclava. Una historia se ha tejido alrededor de este personaje. Dado que en la historia original no existía y que fue una inclusión tardía del propio Puccini, algunos musicólogos han querido ver en este personaje un retrato de una empleada de Puccini, Doria Manfredi, que acusada por la mujer de Puccini de haberse involucrado con su marido, se suicidó.

 

Como último comentario, hay que decir que la ópera quedó inconclusa a la muerte del compositor. Los últimos fragmentos fueron compuestos por Franco Alfano a petición de la familia. Esto provocó que el día del estreno, el conductor Arturo Toscanini, suspendiera la ópera en el momento exacto en que Puccini compuso su última nota. Para darte la pista de cuándo sucede esto, hay que estar atento a la flauta píccolo que suena cuando la procesión mortuoria de Liú sale del escenario. Es allí que escucharás por último a Puccini.

 

La obra concluye con un final feliz, muy a diferencia de obras anteriores del mismo compositor. Esta será la ópera que cierre un ciclo en la historia de la música, que comienza con Monteverdi en 1,600 hasta 1926 con Turandot. Después de ello vendrán las óperas modernas, con un gusto y estructura musical muy diferente.