La Flauta Mágica

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Ultima ópera de Mozart, compuesta ya poco tiempo antes de la muerte del músico, “la Flauta Mágica” ha hecho que se escriban sobre ella copiosos ríos de tinta. Su misterioso origen, lo fantástico de los personajes y el lugar donde suceden los acontecimientos de la historia, la influencia de la masonería en los símbolos y fragmentos musicales, y el retorcido argumento, le han garantizado a esta obra del compositor austríaco, un lugar de primer orden en el repertorio universal de la ópera.

Obertura

La obertura, o pieza sinfónica separada de la obra misma, tiene notas importantes para subrayar. Primeramente los tres toques o acordes iniciales, son en opinión de entendidos un signo de la masonería. Emulan los tres toques rituales de los masones a la entrada del templo. Y como veremos el número tres se repetirá constantemente a lo largo de obra, reforzando así la creencia de la inspiración oculta de la ópera. El otro detalle es el uso de los trombones: Mozart suele usar este instrumento para representar fuerzas sobrenaturales (como el caso de Neptuno en Idomeneo, y el comendador en Don Giovanni). Aquí nuevamente nos advierte, con este instrumento, que estamos frente a fuerzas más allá de lo convencional.

Primer acto.

Escena 1. Schikadener, el libretista de la ópera instruye que Tamino, personaje central de esta ópera, entre a escena vistiendo un típico “traje de cazador japonés”. Extraña sugerencia toda vez que la obra se desarrolla en Egipto. Este anacronismo se debe al origen oriental de la historia, que sobrevivió a los cambios operados en el libreto.

Vendrá luego momento para conocer a tres personajes importantes, que Mozart les caracterizara con música. Papágeno, a quien Mozart presenta con una canción muy sencilla, un Lied Vienés. Es lo más Pop que llegarás a escuchar en esta obra. Luego Tamino cantará a Pamina una canción de amor.

 

Aun cuando la canción es muy tierna, no necesariamente constituye una pieza de arrebato amoroso. Muy del caso, pues apenas conoce a la mujer por su retrato. Por último se nos presenta a la reina de la noche, que en el aria “Zum Leiden”, nos suena a una madre muy adolorida por la pérdida de su hija. Aquí tendremos la primera muestra de su agilidad vocal.   

Primer acto

Escena 2. Es el turno de Monostatos. Este personaje, identificado como Moro en el libreto, ha sido objeto de gran debate. Su presentación, como un personaje de color, ha herido no pocas sensibilidades.  La escena concluye con un dueto agradable entre Papágeno y Pamina, con una música muy sencilla y alegre, quizá una de las melodías que hicieron popular la obra a los pocos días de su estreno.

Primer acto

Escena 3. El cuadro más sorpresivo y de aprendizaje de la ópera. Comenzando por la lección de las virtudes masónicas de la perseverancia, el silencio y la paciencia. Luego los ritos de iniciación (Recuerda la importancia del número tres). También nos enteraremos que lo que se nos ha dicho en las escenas anteriores no es cierto. Que los buenos son malos y que los malos son buenos. Este caso de retorsión del argumento no tiene precedente en los libretos de ópera. Finalmente unas palabras contra las mujeres, que más que ser un argumento misógino por parte de Sarastro, estaban destinadas a lanzar un ataque subliminal a la poderosa iglesia católica de la época, a la cual la masonería le solía atribuir la ignorancia y la superstición.

 

Musicalmente esta escena tiene un también un valor importante. Casi toda transcurre en un solo flujo musical, casi ininterrumpido, práctica que un siglo después lo desarrollarán musicalmente Verdi y Wagner. Un caso de anticipación en su tiempo por parte de un genio de la música.  

Segundo acto

Este acto, con sus numerosos cuadros y escenas, nos lleva por una trepidante ruta de pruebas y episodios que finalmente nos llevan al desenlace de la historia. Mozart nos sobrecarga de mensajes, símbolos y signos en tal forma que debemos estar muy atentos para no perder detalle. Ojo a la escenografía. Pero musicalmente hablando también contiene varias de las piezas más memorables de las páginas operísticas. Particularmente me permito referir las siguientes:

Aria de la Cólera de la Reina de la Noche.

“Der Holle Rache”  es una de las más conocidas del repertorio y es utilizada constantemente tanto en ambientes operísticos como fuera de ellos. La Pirotecnia vocal es sorprendente. La cantidad de notas, lo vertiginoso de su ejecución y  la melodía memorable hacen que no podamos perderla de vista. Pero quizá lo más notorio es el momento en que la soprano debe alcanzar el famoso Fa5 o fa agudo, que es el nota más alta que en condiciones normales y en arias conocidas una cantante debe alcanzar. Puedes determinar el momento exacto en que lo consigue?  Un ejercicio de coloratura sin igual.

Aria de Sarastro.  

En claro contraste con la anterior, Mozart nos lanza con “in diesen Heiligen” a las profundidades de la escala musical. El acento grave, la utilización de instrumentos musicales de sonido profundo, lo pausado del ritmo,  todo ello nos quiere transmitir la solemnidad de Sarastro, que es un efectivo contrapunto a la personalidad nerviosa, temperamental de la reina de la noche. También aquí debes buscar una de las notas más graves que llega  a cantar cualquier artista de ópera. Un Fa1 o Fa sobregrave.

Aria de Papágeno

Esta aria “Ein Madchen”, en la que Papágeno ejecuta sus famosas campanillas, es una de las tonadas populares y sencillas más apreciadas del segundo acto. Nos da la oportunidad de escuchar en primera fila al Glockenspiel, uno de los instrumentos de percusión favoritos de Mozart. Es en esta aria y tocando este instrumento, que Mozart gastó una broma de mal gusto a su amigo Schikadener durante una de las primeras representaciones. Pero de ello, escribiremos en otra ocasión.